La transmisión de la luz a través de un sistema de protección solar viene determinada, en gran medida, por tres características del tejido: la densidad, el espesor, el color. Cuando la luz alcanza la superficie, de la naturaleza que esta sea, la energía irradiada se disgrega en tres componentes:
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Reflexión: energía solar reflejada hacia el exterior por el tejido.
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Absorción: energía solar absorbida por el tejido que, posteriormente, irradia progresivamente en forma de calor.
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Transmisión: energía solar que atraviesa el tejido y se transmite a la habitación.
La cantidad de luz reflejada es menor en un color oscuro, pero su porcentaje de absorción aumenta. Así, los colores claros reflejan más radiación, mientras que los oscuros pueden aumentar más la temperatura ambiental en verano.